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jueves, 20 de septiembre de 2012

El País contra los anglicismos de los argentinos

El purismo ataca particularmente los extranjerismos evaluándolos negativamente, “no porque estén en desacuerdo con las características de la lengua, ni porque puedan ser perjudiciales para su estabilidad, ni porque puedan ser inaccesibles a algún segmento de la población, o históricamente impuros, sino porque son extranjeros.” [Neustupny, 1989]  


Fui a buscar esa cita de Neustupny después de leer este gran ejemplo de purismo de un perejil.

viernes, 13 de julio de 2012

El hombre que desafía al diccionario

Entrevista a Ricardo Soca.
Por Marco Tulio Castro


Se llama Ricardo Soca, y es el hombre que desafía a la Real Academia Española. Empeñado durante años a analizar el castellano y a mostrar definiciones parciales del máximo diccionario, hoy acusa a España de querer colonizar latinoamérica a través del lenguaje: «La Academia es una pequeña ruedita del engranaje geopolítico de España».

Soca dice que la RAE obedece a intereses económicos y no al cultivo de la lengua española. Y así comienza su diferencia con la Academia, que termina con lo que él llama, «mensajes amenazadores».


El asunto no es sencillo. Debemos saber que Soca, editor de elcastellano.org, escribió el año pasado un artículo en el que publicó adelantos de la edición 23 del diccionario (que en aquel momento ya aparecían en el sitio de la RAE) donde comparaba prácticamente todo los cambios en las definiciones. 


Cuando Soca hizo lo suyo, pensó que la definición de palabras castellanas que utilizan más de 450 millones de personas en el mundo debían ser compartidas para sus hablantes.


Error. «Yo recibí mensajes amenazadores de la editorial Planeta, tal como está documentado mediante mensajes y grabaciones telefónicas, ‘en nombre de la Real Academia’, que nunca lo negó. Amigos vinculados con el director de la Academia, José María Blecua, me aseguraron que si yo pidiera autorización para usar los contenidos, sería concedida. El problema es que mi posición es, precisamente, que no debería ser necesario pedir autorización para usar, sin fines de lucro, los contenidos de la Academia».

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miércoles, 28 de septiembre de 2011

La Real Academia Española no sabe que enlazar es bueno

Por Geraldine Juárez



Grupo Planeta en representación de la Real Academia Española obligó a Ricardo Soca — el editor del blog uruguayo “elcastellano.org” — a retirar los enláces que faciliten el acceso directo a cualquiera de los contenidos de los sitios web de la RAE.
Si ustedes creían que ya habíamos superado la arcáica discusión del deep linking, están equívocados. Al parecer el representante legal de la REA, es decir Grupo Planeta, piensa que facilitar el acceso a información relacionada con un bien común (como claro esta que lo es el lenguaje), significa una infracción a los derechos de autor. Blah Blah Blah.
No hace falta entrar en discusiones bizantinas en pleno siglo XXI y cuando casi todos hemos comprendido que los enláces son una parte fundamental de la red. La gente enlaza lo que valora o considera relevante para poder expresarse y bueno, honestamente, porque puede.
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jueves, 28 de julio de 2011

¿Quién es el dueño de las palabras?

por Claudia Piñeiro*.


ESTIMADO DIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA:

  Me dirijo a usted porque supongo que debe ser la persona indicada para responder una duda que tengo y que en estos últimos tiempos se ha convertido, para mí, en una verdadera obsesión: ¿Quién es el dueño de las palabras? ¿Quién? Ésa es mi pregunta, tal vez le parezca a usted tonta, o ingenua, o inútil, pero es hoy para mí una pregunta ineludible. ¿Quién es el dueño?, y luego otras preguntas que aparecen por añadidura: ¿Se paga para ser el dueño de una palabra? ¿Se compran las palabras? ¿Se venden? ¿Se apropian luego de una guerra, una invasión o una simple batalla?  ¿Existe título de propiedad de las palabras como existe una escritura para un bien inmueble?

   Estimo que usted no es ese dueño que busco, porque de lo que se ocupa el organismo que usted dirige es de tomar las palabras que todos nosotros usamos y definirlas, decir qué significan, qué nombran, y tomar los cambios que los usos y costumbres van imprimiendo en ellas. Sin embargo, ya que es el material con el que usted trabaja, estoy segura de que no habrá persona más indicada para orientarme en la búsqueda de ese dueño, si es que existe. Porque con ese señor o señora, también tendrá que vérselas usted. Y eso, encontrarlo, es el objetivo último de esta carta.

Como usted sabe, las palabras nombran la realidad, nombran todo lo que existe, sea tangible como una mesa o intangible como un sueño.  Pero el camino es de ida y vuelta, porque al nombrar, las palabras también construyen la realidad. O la niegan. Por ejemplo, si alguien con el poder suficiente se apropiara de la palabra “casa” y sólo dejara que se mencionara con ese nombre las construcciones de tres ambientes, con dos baños, y patio al fondo, todas las otras “casas” serían negadas como realidad y no les quedaría más remedio que ser nombradas de otra manera o desaparecer. Lo que no puede nombrarse con la palabra que corresponde, se niega, se ignora y desaparece. En definitiva: quien nos niega el uso de una palabra, nos niega también la existencia de lo que esa palabra nombra, y si esa palabra nos nombra a nosotros, entonces quien se apropió de ella nos reduce a lo que no existe. 

  Ahora bien, ni yo ni nadie tenemos problema con la palabra casa. Pero imagine usted que alguien se apropiara de la palabra “amor” y definiera qué puede nombrarse así y que no. O “madre”. O “justicia”. O “dignidad”. U “honestidad”. O “flor”. O “niño”. O “normal”. O “ sano”. O “cultura”. O “ natural”. O “ felicidad”. Bueno, señor Director de la Real Academia Española, en mi país, ha habido una apropiación de palabra. Alguien cree que es dueño de la palabra “Matrimonio”. Alguien cree que puede decir qué es un matrimonio y qué no. Y no es una cuestión legal como nos quieren hacer creer. Porque las leyes, señor director, son una construcción teórica, un acuerdo entre los hombres (y a quién dude de esto, compartirá usted conmigo, le sugiero como lectura al respecto no el Derecho Romano ni la Historia del Derecho sino “El malestar en la cultura”, de Sigmund Freud). Las leyes, como construcción teórica de los hombres y su tiempo, se modifican. Si no fuera así en mi país seguiríamos sin votar las mujeres, no habría divorcios, y los hijos extramatrimoniales no tendrían los mismos derechos que los que nacieron dentro de un matrimonio, por sólo nombrar algunos ejemplos.

  La ley, las leyes, pueden modificarse, y eso lo saben, más que ningún otro, quienes lo niegan. Por eso la verdadera batalla no está allí sino en la propiedad de la palabra. La palabra MATRIMONIO es una palabra que hoy está en tránsito. Durante mucho tiempo alcanzaba con que nombrara sólo a un hombre y una mujer que deciden unirse legalmente. Hoy ya no. Las palabras son materia viva. Si solo nombrara ese vínculo, hombre mujer, estaríamos negando la existencia a algo que existe. Si la palabra matrimonio sólo nombrara el vinculo heterosexual, ¿cómo llamaría yo al vínculo de años entre mis amigos Mauro y Andrés, o entre mis amigas María y Vanessa, o entre Patricia y Olga? Yo quiero esa palabra para nombrarlos porque eso son. Mucho más que otros matrimonios que conozco. Mucho más que otros matrimonios que no quieren revisar el uso de la palabra porque lo que se caería es el vínculo que ellos sostienen con alfileres. Porque hacerlo los pondría frente a un espejo donde no se quieren ver. Los que se arrogan la propiedad de la palabra MATRIMONIO salen a decir: “Pero bueno, que sean, que vivan juntos si quieren, pero que usen otro nombre”. Y no es ingenuo ni legal lo que plantean, es ontológico. Saben que negar la palabra, negarles ser nombrados, es negar la existencia misma. Un método que viene de los campos de concentración y de los centros clandestinos de detención donde se llamaba a las personas privadas de su libertad por un número, donde no había que nombrarlos, porque el objetivo era que desaparecieran.

Estimado señor,  no quiero robarle más de su precioso tiempo. Pero sé que a usted como a mí, nos importa la palabra, su uso, y las batallas que se libran en su nombre. Espero con ansiedad su respuesta, quiero tener la posibilidad de estar cara a cara con quien diga ser el dueño de esta palabra: MATRIMONIO, quiero discutir con él, quiero librar batalla. Por los amigos a los que hoy no me dejan nombrar, pero también por mí, por mis hijos, por los amigos de mis hijos, por la memoria de mis padres muertos, y por todos los otros innombrables que aún hoy niega nuestra sociedad, esa que construimos entre todos.

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*Es una escritora Argentina. Autora de Las viudas de los jueves, novela por la que obtuvo, en 2005, el Premio Clarín-Alfaguara.Estas palabras fueron pronunciadas el pasado lunes en el Festival por la igualdad “¡Si, quiero!”, organizado por 100% Diversidad y Derechos, en el marco del debate a favor de la ley de matrimonio para todas y todos.Aregntina, 2010.

sábado, 23 de julio de 2011

El imperio de la lengua

Por Marina Garber


Desde hace algunos años y por diversos motivos, la lengua española –a la que convendría, según la opinión de muchos, seguir denominando castellana– es noticia. Su enorme riqueza, su valor económico, sus 400 millones de hablantes, su incesante crecimiento y su venturoso futuro son temas de frecuentes artículos periodísticos, y también de congresos que convocan a personalidades del mundo cultural y político –congresos financiados, invariablemente, por grandes empresas de capital español–, mientras nuevos eslóganes, logotipos y avisos publicitarios la promocionan como si se tratara de un producto más del mercado.
En los medios de comunicación, en ministerios, empresas y universidades de uno y otro –pero sobre todo del otro– lado del Atlántico, se repite que el español está en expansión, que es la lengua del futuro, que se impone en internet, que conquista día a día nuevos territorios. Claro que –esta vez– lo hace sin violencia. Basta con hojear las páginas de cualquier diario de España o América Latina para comprobar que la lengua es el epicentro de un fenómeno a cuya trascendencia, sin dudas, han contribuido el Estado español y sus agencias lingüísticas: la Real Academia Española y el Instituto Cervantes, con la ayuda de los medios de comunicación. “Estamos viviendo –señalaba un editorial de El país de Madrid en marzo de 2007– un momento de plenitud en las previsiones sobre la pujanza del español; las estadísticas conceden a este idioma el mayor crecimiento entre los globales, que podría tener una difusión equiparable a la del inglés hacia mediados del siglo actual”.
La mayoría de los discursos políticos y periodísticos que se ocupan del tema suelen describir a la lengua como un fenómeno natural que se expande y reproduce por sus propios medios, en función de sus leyes internas. O que crece, en cambio, gracias a la elección, libre y democrática, de los hablantes. Esta última perspectiva fue expresada con claridad por el rey Juan Carlos cuando, en marzo de 2001, le entregó el premio Cervantes al escritor Francisco Umbral, con un discurso que despertó tanta polémica como su célebre “Por qué no te callas”: “Nunca fue la nuestra –aseguró el Rey–, lengua de imposición, sino de encuentro; a nadie se le obligó nunca a hablar en castellano: fueron los pueblos más diversos quienes hicieron suyo, por voluntad libérrima, el idioma de Cervantes”.
Las de vascos, gallegos y catalanes, a quienes el franquismo intentó “castellanizar” compulsivamente, prohibiendo la enseñanza de sus lenguas nacionales y relegándolas a los espacios domésticos, fueron las voces que más airadamente se alzaron contra las palabras de Juan Carlos. No hay dudas de que, a lo largo de la historia, tanto en España como en el continente americano, el avance del español se produjo a costa de otras lenguas y gracias a formas, más o menos explícitas, de violencia. Esta circunstancia fue remarcada hasta por reconocidos intelectuales de derecha, como el escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, quien aseguró, a raíz del discurso del Rey, que las lenguas “han sido siempre el corolario de las colonizaciones, invasiones, conquistas, guerras”, que dejaron “un reguero de tragedias y traumas”. De hecho, no es necesario más que un poco de sentido común para advertir que la desaparición de las incontables lenguas que se hablaban en América “fue consecuencia de la acción de los conquistadores, de la evangelización forzosa o del etnocidio desembozado”, como señala la lingüista Leila Albarracín, de la Asociación de Investigadores en Lengua Quechua. 
La expansión actual del español, está, sin dudas, lejos de la violencia conquistadora de otros siglos, pero también de las imágenes algo ingenuas según las cuales este crecimiento obedecería a la fuerza del “espíritu” o del “genio” de la lengua, o sería pura obra del azar. Detrás, o antes, del tan promocionado boom del español, hay muy precisas estrategias de política cultural emprendidas por España, país que ha convertido a la lengua en una cuestión de Estado. La creación del Instituto Cervantes en 1991 y la multiplicación de sus sedes (ya suman 68) en todo el mundo, los Congresos Internacionales de la Lengua (Zacatecas, México, 1997; Valladolid, España, 2001; Rosario, Argentina, 2004 y Medellín, Colombia, 2007) son algunos de los hitos de las políticas de promoción del idioma.
Tanto la Real Academia Española como el Instituto Cervantes han recibido gran impulso en los últimos años, y en alianza con empresas y medios de comunicación, han conformado un verdadero holding lingüístico. “La RAE declara tener como misión principal la preservación de la unidad del idioma, y el Instituto Cervantes, su promoción internacional como lengua extranjera –señala el lingüista gallego José del Valle, catedrático de lingüística hispánica en la Universidad de Nueva York–.
Sin embargo, detrás de estos obvios objetivos hay proyectos más ambiciosos. La renovación de la RAE y la creación del Cervantes coincidieron con la expansión de empresas de capital predominantemente español, muchas de las cuales escogieron América Latina como destino. En un contexto de expansión comercial como el que se iniciaba a fines de los 80, los sucesivos gobiernos españoles, socialistas y populares, en colaboración con el empresariado y con importantes sectores del mundo de la cultura, movilizaron una serie de agencias para que le ofrecieran cobertura cultural al proyecto de expansión económica: es decir, para que produjeran una visión del español al servicio de un proyecto: la comunidad panhispánica como hermandad-mercado y el español como producto comercial en torno al cual se debe organizar y controlar una industria”.
Mientras crecían la participación de España en los principales foros de la política internacional (la OTAN, la Unión Europea) y el poder económico de sus multinacionales, empresas como el BBVA, el Banco Santander, Telefónica y, más tarde, Repsol empezaron a interesarse por cuestiones vinculadas con la lengua. Es que, en términos de rentabilidad, la existencia de un idioma común era percibida como una ventaja por parte de los ejecutivos de las empresas inversionistas. 
Se calcula que el castellano representa para España más del 15% del Producto Nacional Bruto. Gran parte de su potencial está vinculado al mercado de su enseñanza como lengua extranjera, sobre todo en países como Brasil y Estados Unidos. Se estima que los estudiantes de español ya son 14 millones en todo el mundo y también la Argentina ha empezado a participar, en los últimos años, de en este mercado floreciente. Está claro, sin embargo, que la porción más grande de la torta se la lleva España. “Las políticas lingüísticas respecto del español –señala Elvira Narvaja de Arnoux, directora del Instituto de Lingüística de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA– no son encaradas por los países hispanoamericanos, sino por España, que lo hace, obviamente, en función de sus intereses nacionales y los de la integración de la que forma parte”. 
Un incidente ocurrido hace poco más de un año en Brasil, donde en función de los acuerdos del Mercosur, que Argentina no respeta, la enseñanza del español es obligatoria en las escuelas primarias, sirve para ilustrar el modo algo prepotente en que España lleva a cabo sus políticas lingüísticas (prepotencia que triunfa, además, gracias a la indiferencia de nuestro país en la materia). A fines de 2006, profesores y estudiantes de la Universidad de San Pablo se movilizaron contra un proyecto del Banco Santander y el Instituto Cervantes para formar 45 000 profesores de español mediante un curso de 600 horas a través de internet, al que consideraban “un golpe a la educación nacional” y a las universidades que vienen formando docentes desde hace más de cincuenta años, en carreras que requieren al menos 2 800 horas. Para la argentina Maite Celada, investigadora de la Universidad de San Pablo, “tratar a la lengua española como un ’tesoro’ y tratar a Brasil y a sus 170 millones de habitantes como un mercado promisorio a consolidar es algo que nos pega fuerte a muchos latinoamericanos”. En este contexto se inscribe también la preocupación que viene manifestando desde hace años el Instituto Cervantes por establecer un sistema unificado de certificación del español como lengua extranjera –a la manera del First Certificate o el TOEFL para el inglés–, que finalmente fue aprobado en marzo de 2007 en Medellín.
En la Argentina y otros países hispanoamericanos se están oyendo cada vez más voces críticas hacia la pretensión española de hegemonizar el mercado de la enseñanza del idioma. Se advierte, además, el peligro de que un sistema internacional de certificación termine imponiendo un modelo ajeno, que atente contra la diversidad del castellano americano y contra la supervivencia de las lenguas vernáculas. El español, asegura Leonor Acuña, investigadora del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano de la UBA, “no es solamente un recurso económico y no tiene por qué ser la lengua que triunfe sobre todas las demás: indígenas, de inmigración, extranjeras, cooficiales, minoritarias, ágrafas. No necesita ser defendida de nadie y no tiene por qué ser promocionada”.
CUESTIÓN DE IMAGEN
Como los candidatos presidenciales, las modelos o las marcas de cigarrillos, las lenguas pueden cambiar de imagen gracias a operaciones de publicidad y prensa. La expansión mundial de español ha sido acompañada, según el especialista del Valle, por nuevas ideologías lingüísticas. “Desde el gobierno de Madrid y desde las instituciones investidas de poder lingüístico se iba sintiendo la necesidad de proyectar una imagen del español –de su relación con la propia España, con los países hispánicos y con el resto del mundo– que complementara los esfuerzos de construcción nacional y los planes de modernización, crecimiento económico y ampliación de la presencia política y económica del país en el mercado global”. La nueva imagen del español prescinde de cualquier connotación nacionalista y aspira, en cambio, a presentarlo como una lengua global, moderna y democrática, que acoge formas locales, gracias a los aportes realizados por las academias nacionales de todos los países hispanohablantes, y se expande gracias a la libre elección de los hablantes. Una lengua, en palabras de Gregorio Salvador, vicedirector de la RAE, “sólida, hablada por cuanta más gente mejor”. Se la presenta “como lengua global en el contexto, por un lado, de su promoción como producto de mercado y, por otro, de la pugna simbólica que sostiene con el catalán, el euskera y el gallego”, agrega del Valle.
MAYÚSCULAS Y MINÚSCULAS
El académico Gregorio Salvador encarna una de las posiciones más extremas de esta concepción universalista, que desprecia tanto las lenguas que él denomina “minúsculas” (entre las que se cuentan las lenguas vernáculas americanas) como los planteos que vinculan el idioma con la identidad de un pueblo o una nación. Así lo expresó él mismo cuando en el III Congreso de la Lengua de Rosario respondió a una intervención del poeta Ernesto Cardenal en defensa de las lenguas en peligro de extinción. Salvador aseguró que es cierto que muchas de esas lenguas “minúsculas” se van extinguiendo, pero “no hay que lamentarse, porque eso quiere decir que sus posibles hablantes, los que las han ido abandonando, se han integrado en una lengua de intercambio, en una lengua más extensa y más poblada que les ha permitido ensanchar su mundo y sus perspectivas de futuro”. Unos meses después, en el diario ABC, el vicedirector de la Real Academia reafirmaba su postura: “Una lengua desaparece cuando muere la última persona que la hablaba y lo único triste de ese suceso es la muerte de esa persona.
En América y en África quedan bastantes de esas lenguas minúsculas y todo esfuerzo por mantenerlas no es más que una aberración reaccionaria. Esas pobres gentes tuvieron que padecer, históricamente, a conquistadores, encomenderos, exploradores y colonos. Y, por si no hubieran tenido bastante, hay quien pretende mantenerlas, desvalidas, en su exigua prisión lingüística, ajenas e ignorantes del mundo que con nosotros habitan, con todo lo bueno o lo malo que este les pueda ofrecer, para regalo acaso de obstinados antropólogos, entretenimiento de gramáticos imaginativos y orgullosa satisfacción de políticos desnortados y pusilánimes”.
La argentina Leila Albarracín, autora de numerosos trabajos sobre las lenguas vernáculas de la Argentina y América y sobre las distintas formas de discriminación de la que son objeto los 300 mil ciudadanos de nuestro país que tienen como lengua materna el quechua, podría, a pesar de ser lingüista, integrar el equipo de los “obstinados antropólogos” que denuesta Salvador. “A nivel internacional –señala Albarracín– la protección de los derechos lingüísticos de las minorías ha adquirido las características de una problemática de tanta importancia como la conservación del medio ambiente. Esta preocupación contrasta con la marcada indiferencia en la Argentina por esta temática. Así como el inglés ejerce una suerte de imperialismo lingüístico, consecuencia de la globalización, que amenaza a otras lenguas, hacia el interior de nuestro país es la imposición del español como lengua nacional lo que amenaza a nuestras lenguas vernáculas”.
En 1996, representantes de ONGs de todo el mundo, con el apoyo de la UNESCO, suscribieron en Barcelona la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos, con la finalidad de “propiciar un marco de organización política de la diversidad lingüística basado en el respeto, la convivencia y el beneficio recíprocos”. “Todas las lenguas son la expresión de una identidad colectiva –se asegura en la declaración– y de una manera distinta de percibir y de describir la realidad, por tanto tienen que poder gozar de las condiciones necesarias para su desarrollo en todas las funciones”.
Un punto de partida y unos propósitos similares son los que dieron origen, en nuestro país, al Congreso de Las Lenguas, cuya primera edición se desarrolló en Rosario, en forma paralela al Congreso oficial de la Real Academia Española. “Sin dinero, lejos del poder del Estado pero muy cerca del de la gente”, aseguran los organizadores, entre quienes se encuentra el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, el Congreso de Las Lenguas pretende “dar cuenta de la pluralidad y rescatar las voces y reclamos de los pueblos y las culturas minorizadas. Porque creemos que un auténtico diálogo intercultural y multilingüe no se genera subordinando el discurso propio a la voz hegemónica pretendemos interpelar el discurso oficial para ser protagonista reales de nuestras vidas”. 
No es ninguna novedad que las lenguas son, además de vehículos de comunicación, objetos de lucha e instrumentos de poder. Los “obstinados antropólogos” y los “gramáticos imaginativos” de los que el vicedirector de la Real Academia preferiría prescindir, pero sobre todo los hablantes, los hablantes de lenguas grandes o pequeñas, perseguidas, ignoradas, relegadas u olvidadas, lo saben, y quizás por eso siguen hablando, empeñados en que, al menos en esta materia, la única ley que rija no sea la del más fuerte.

viernes, 10 de junio de 2011

‎"Los chilenos tenemos la fama infame de estar en pugna abierta con la pureza del lenguaje. La primera palabra pronunciada por un individuo nacido en Chile es un neolojismo. Nuestros niños, teniendo aun la leche en los labios, dicen 'tata', infrinjiendo con esta voz el léxico del idioma". --M.L. Amunátegui, Borrones gramaticales, 1894.
(¡Hasta las guaguas son corruptas según los normativistas!)


viernes, 4 de febrero de 2011

El lenguaje

Unos antropólogos recorren los campos colombianos de la costa del Pacífico, en busca de historias de vida. Y un viejo les pide:
-No me graben a mí, que hablo muy feo. Mejor a mis nietos.
Muy lejos de allí, otros antropólogos recorren los campos de la isla de Gran Canaria. Y otro viejo les da las buenas horas, les sirve café y les cuenta historias alucinantes con las más sabrosas palabras. Y les dice:
-Nosotros hablamos feíto. Ellos sí que saben, los muchachos.
Los nietos, los muchachos, los que hablan bonito, hablan como la tele.

Eduardo Galeano, "Patas arriba".

lunes, 3 de enero de 2011

Los lingüistas con Hilaria

Frente a la reciente publicación, en un diario local (Correo, 23/4/09), de apuntes personales redactados por la congresista Hilaria Supa durante un debate en la sede del Congreso, los profesores de la Sección de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Perú expresamos a la opinión pública lo siguiente:

1. Existe una sustancial diferencia entre los apuntes personales, como un género especial de la lengua escrita, y otros textos de índole formal, que suponen un trabajo específico de elaboración y revisión. Esta distinción refleja la versatilidad de los redactores, quienes son capaces de distinguir entre diversas formas del código según el contexto en que la escritura se produce. Así, un redactor puede estar en condiciones de escribir a un amigo un mensaje electrónico en un registro coloquial y, minutos después, elaborar un artículo académico en un registro formal. Por tanto, desde el punto de vista lingüístico, es engañoso juzgar el manejo de la escritura que tiene un redactor sin tomar en cuenta esta distinción de géneros y registros.

2. Las faltas de ortografía y redacción contenidas en el texto fotografiado por Correo son expresión de la base fonológica y gramatical que la congresista Supa posee en virtud de su lengua materna, el quechua. Esta base genera, como es natural, una influencia en la adquisición del castellano como segunda lengua. Este tipo de influencia es común entre los bilingües quechua-castellano, quienes, en su gran mayoría, no han podido consolidar su aprendizaje del segundo idioma en condiciones apropiadas, como las que podría brindar laEducación intercultural bilingüe, por razones políticas y económicas. Por tanto, no se puede juzgar la competencia en la escritura castellana de la congresista Supa como una dimensión independiente de su condición de quechuahablante, y hacerlo constituye una manipulación de los hechos lingüísticos.

3. Los problemas de ortografía propios de los bilingües, como el cambio de las vocales i/e y u/o y las faltas de concordancia, constituyen elementos importantes de un estereotipo acerca de los quechuahablantes que se ha generalizado en una sociedad jerarquizadora como la peruana. Este estereotipo consiste en pensar que dichos hablantes son, por necesidad, individuos carentes de inteligencia, cultura y Educación, individuos que pueden ser calificados, en suma, de personas ignorantes. De este modo, a partir de las faltas mencionadas, Correo infiere que la congresista Supa posee las características descritas, lo que queda reflejado en el titular de portada “¡Qué nivel!” (Correo, 23/4/09) y en la columna de su director (24/4/09), en la que afirma:

“Tocábamos el tema [de la escritura de la congresista] porque nos preocupa que el bajo nivel intelectual del Congreso dañe tanto a nuestra democracia”. Queda claro, pues, el carácter discriminador de este procedimiento, basado en un estereotipo.

4. Otro hecho que es indispensable considerar en este caso reside en que las interferencias del sistema vocálico y de la sintaxis del quechua en el castellano constituyen dos de los rasgos lingüísticos más estigmatizados por los monolingües castellanos en el habla de los bilingües; es decir, estamos ante una de las características lingüísticas que con mayor frecuencia se utilizan para juzgar negativamente a dichos hablantes y discriminarlos. Qui nes insisten en juicios como los que son materia de este pronunciamiento contribuyen a perpetuar una manifestación de violencia lingüística que se ha venido infligiendo en el Perú desde hace siglos contra los hablantes de lenguas indígenas cuando se expresan en castellano.

5. Todas las lenguas constituyen una reserva de sabiduría acumulada por generaciones de hablantes que han tenido una particular e irrepetible relación con el mundo. Desde el punto de vista lingüístico, valen tanto, pues, el quechua como el castellano, el asháninka como el inglés, el shipibo como el chino. Sin embargo, en nuestro país, la falta de manejo de un aspecto del castellano —la escritura— se entiende por algunos como una carencia inadmisible en alguien que ejerce un cargo de representación, mientras que gran parte de los hablantes del castellano no reconocen como un problema la ignorancia de aspectos básicos del quechua, del aimara y de las lenguas amazónicas. Desde nuestro punto de vista, esta percepción expresa falta de cultura y, a la vez, refleja la desigual distribución de espacios de poder no solo para las lenguas peruanas sino también para sus hablantes.

6. Por todas estas razones, los profesores de la Sección de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Perú condenamos este acto de discriminación y violencia lingüística. Actos como estos son inaceptables en una sociedad democrática, embarcada en la búsqueda de una convivencia creativa y enriquecedora entre sus diversas matrices culturales. Sin embargo, nos complace, al mismo tiempo, ser testigos de la pluralidad de reacciones en contra que este hecho lamentable ha generado.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Control of “proper” language is about privilege

Using someone’s spelling/grammar against them or to invalidate what they say or to form an opinion about them is, in my opinion, a first cousin to the tone argument because it doesn’t address the substance of someone’s statement but rather the method in which it was delivered, and requires that someone meet another’s standard to be allowed into and recognized in a discussion.
If someone is saying something wrong, something absurd, something not reasonable, something hurtful - then address that. Address the substance, not the method. 
I really used to be one of those grammar sticklers (and btw, if you use the term “grammar nazi”, we’re done because comma splicing and genocide aren’t even remotely the same thing. Ever.)
Then I realized these things about grammar:
1. Grammar is arbitrary at the best of times, and actually varies from style to style. Anyone who’s done academic, journalistic, or professional writing or editing knows that what’s correct in say, the Chicago Manual of Style may be completely different according to MLA (Modern Language Association) rules and that these rules  are sometimes deliberately changed/updated/rearranged. 
The same with other types of grammar, and indeed, with grammar over time. Rewind the clock fifty or a hundred years and you’ll find that in the English language (especially in U.K. and U.S. and Canadian usage) what was considered correct in 1910 or even 1950 is wrong now and vice versa. 
Control of “proper” language is about privilege and it’s about controlling communication and being able to invalidate communication that isn’t arbitrated by an established authority. 
Basically, at it’s worst, it’s about silencing the marginalized. 
2. Being taught this standardized grammar in a way that you understand and being able to use it in all instances in a way that is considered “correct” is SO FUCKING PRIVILEGED. 
First, because being at a school that has the resources to teach you in a way that makes this stuff stick in your brain is about being privileged economically, socially, and even in your abilities. Many schools across this planet struggle daily to have buildings and books and paper and enough room and enough teachers. If you’re at a school that can take the time to teach you “you’re” versus “your” or some equivalent in another language, you’re privileged. Don’t use that to derail and disrupt and act like an ass to less privileged folks and disregard the things they say.
Second, there are a lot of different forms of disability that make grammar a pain in the ass at the best of times. Or hell, just different types of neurology that make grammar something that’s easier for some people to grasp than others. The same way that numbers and math come easily to some and not others. I tend to get called articulate and well spoken because I’m one of those types that just gets grammar. Not because I’m better or smarter. I’m just lucky. My brain knows what to do with words and language structures. 
Sit me down with numbers and equations? I start blowing fuses in my head. It doesn’t make me stupider or worse than those who don’t even need calculators. It just makes me different. 
Third, specific to this example, not all people speak English as their first language. Not all people learn English as a second (or third, or so on) language in a formal setting. So these types of rules are not something they’d come across and frankly aren’t that useful for helping them communicate. This is not a mark against them. They are not illiterate. They are a person who natively speaks another language. 
3. As a reformed Grammar Stickler, I now believe that grammar and spelling are correct so long as they facilitate communication and help people transmit their ideas successfully. Meaning - yes, having a period at the end of a sentence or at least a space or some kind of mark to break apart two ideas so that I understand them as being individual and not part of each other is a good thing. But if you should want to use three exclamation points or just a line break rather than a period, that’s fine. I’m not going to shoot down you telling me a very important truth just because you spliced it with a comma or ZOMG YOU TOTALLY MISSPELLED SOMETHING. Fuck that.  
The only time to point out and grammar or spelling is when it honestly prevents you, the reader, from understanding what it is being communicated. And even then, you don’t correct the grammar (as you are not the author and therefore do not know what the author is trying to communicate), you just ask politely, if you can, for clarification. 
But if you should say YOUR and not YOU’RE, big deal. If I get what you’re trying to say and the point got across and I understand that you are talking about something that belongs to me or pertains to me, I don’t give a damn about an apostrophe and an extra letter. 
Especially if what you’re trying to communicate is something vital, something like a lived experience or a plea for help or a deeply held belief or something important to you. 
And if I disagree with you, I’m going to point out the flaws in your statement, not your spelling. A bad idea spelled perfectly is still a bad idea, and a good idea spelled “improperly” is still a good idea. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

Norma gramatical y uso lingüístico: ¿Presidente o Presidenta?

Por María Vidal
Me llegó esta especie de carta salvadora de nuestra lengua pura e impoluta. Carta leccionuda, pedante y agresiva, que insulta con epítetos bastante fuertes a quienes no "aplican" las Normas gramaticales y ortográficas. A aquellos gobernantes que cometen este pecado de lesa cultura!!.
Este es un asunto que viene ya discutiéndose desde hace tiempo en diversos ámbitos, por eso, aproveché esta perla para compartirla en la Red y reflexionar sobre algunos asuntos lingüísticos y sociolíngüísticos que, el tan docto Lic. W. Molina, no ha tomado en cuenta.
Comparto el texto de marras para poder comprender a qué nos referimos. Dice:

Gramática de Presidencia

Regla ortográfica
En español, el plural en masculino implica ambos géneros. Así que al dirigirse al público NO es necesario ni correcto decir "mexicanos y mexicanas", "chiquillos y chiquillas", "niños y niñas", etc., como el ignorante del Ex Presidente Fox puso de moda y hoy en día otros ignorantes (políticos y comunicadores) a nivel nacional por TV continúan con el error, inclusive el Presidente Calderón.

Decir ambos géneros es correcto, SÓLO cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, por ejemplo: "mujeres y hombres", "toros y vacas", "damas y caballeros", etc.
Ahora viene lo bueno: Detallito lingüístico ¿Presidente o presidenta? 
Aprendamos bien el español y de una vez por todas:
NO ESTOY EN  CONTRA DEL GÉNERO FEMENINO, SINO DEL MAL USO DEL LENGUAJE. POR FAVOR, DÉJENSE YA DE INCULTURA, DESCONOCIMIENTO U OCURRENCIA: ¿Presidente o presidenta?

En español existen los participios activos como derivados verbales: Como por ejemplo, el participio activo del verbo atacar, es atacante; el de sufrir, es sufriente; el de cantar, es cantante; el de existir, existente; etc.
¿Cuál es el participio activo del verbo ser?: El participio activo del verbo ser, es "ente". El que es, es el ente. Tiene entidad. Por esta razón, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega la terminación 'ente'.
Por lo tanto, la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente de su género.
Se dice capilla ardiente, no ardienta. Se dice estudiante, no estudianta. Se dice adolescente, no adolescenta. Se dice paciente, no pacienta. Se dice comerciante, no comercianta. ..
La Sra. Cristina Fernández de Kirchner, para aquellos que andan atrasados de noticias, es la actual presidente de Argentina... y su esposo no sólo hace un mal uso del lenguaje por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española. Y ahora en Venezuela, con el decadente socialismo, también la bestia de presidente que tienen, hace uso de estas barbaridades.
Un mal ejemplo sería: La pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y también atacanta, y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta.
Qué mal suena ahora Presidenta, ¿no? Es siempre bueno aprender de qué y cómo estamos hablando.

Caso contrario en Chile, donde lo aplican bien: la Sra. Bachelet es Presidente.
Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos latinoamericanos, con la esperanza de que llegue a la Casa Rosada y a Miraflores, para que esos ignorantes e iletrados hagan buen uso de nuestro hermoso idioma.
Atentamente,
W. Molina
Licenciado en Castellano y Literatura
(y no en Castellana y Literaturo)

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No pretendo considerar esto como nada académico ni serio -es obvio que no lo es- pero si da cuenta de reglas de nuestra lengua que -efectivamente son tales- y de una discusión que se viene desarollando a partir de la emergencia de mujeres en cargos que, hace no mucho tiempo, no ocupaban.

Vamos al Ser y al "ente". Es cierto que el participio pasivo de Ser es ente y que...es de la norma la explicación que el furibundo justiciero da. La omito entonces. Lo que me parece que puede confundir , en el sentido de lo que voy a señalar, son esos tramposos ejemplos con expresiones que suenan ridículas -y sí son efectivamente no usables en nuestra habla habitual- para pretender torcer la opinión del lector en el sentido de que en todos los casos en que se utilice el femenino, "matando al Ente" se peca de burrez, bestialidad, ignorancia...
El argumento normativo y ortográfico, no es de suficiente peso confrontado con el de uso y hábito de una comunidad. El habla, consiste justamente en : usar la norma y también transgredirla, permenantemente. Si siguiéramos apegados a argumentos etimológicos y los usuarios no hubieran hecho lo suyo sobre estas marcas, estaríamos todos los hablantes de español, francés, portugués, italiano...hablando en LATIN.
Entonces, pensemos ¿no existen términos muy comunes y de uso que rompen con esta "regla de oro"?: sirvienta, dependienta , "La Regenta", parturienta (no podemos pensar un uso en masculino para el verbo parir: el parturiente o femenino en la forma la parturiente), y otros... (piensen, hay otros...). Dentro de la misma situación de imposición por el uso y la transgresión de la norma lingüística de la que el habla se adueña, ubico "presidenta" e "intendenta".
"Las palabras y las cosas" han tenido siempre una relación de tensión y desplazamiento, por diversas razones. Y acá, surgen nuevas "palabras" a partir de "cosas" que no existían como mujeres ocupando tan altos cargos.
Oír "la Presidenta Cristina Fernández" o "la Intendenta Ana Olivera", no es algo chocante, extraño que suene como "la estudianta, adolescenta, sufrienta..." Esta es una trampa. Esto último no se usa, lo primero sí. Y es el uso lo que determina el vigor o no de ciertos términos, su permanencia o no en el repertorio lingüístico de una comunidad.
Este Licenciado en Castellano y Literatura, conoce bien, por lo visto, ciertas reglas de la gramática y la ortografía del Idioma español (Castellano para él) pero desconoce, notoriamente, conceptos de Sociolingüística básicos. De esa disciplina que se ocupa de los hablantes, de la lengua en uso por diferentes grupos sociales, de diversas variedades y del cambio lingüístico sincrónico, es decir, ese que se da y se nota en poco tiempo, que se lo percibe casi mientras ocurre (Labov).
Insultar a hablantes, sean gobernantes o gente común por usar una forma lingüística que se ha impuesto en y por sus usuarios, denota una ignorancia importante.
Este tipo de discurso salvador de la nación, la lengua, la patria (falta la familia y la propiedad, que sí aparecen más o menos explícitas en otros textos) 
El lenguaje no es inocente, no es neutro, no es servil a normas aunque se vale de ellas. Un cambio en "las cosas", puede traer un cambio en "las palabras" y a veces, estos cambios no tienen demasiada explicación: sólo ocurren.
Este texto que transcribo es un pretexto para reafirmar algunos conceptos lingüísticos y sociolingüísticos que ya plantée en otros artículos en esta misma Red.  
La Academia,por Real que sea,  las academias todas, no hacen más que registrar usos, fijar normas, dentro de lo posible, e ir -siempre- detrás de los hablantes que juegan el apasionante juego del lenguaje, aplicando sus reglas o cambiándolas, siempre en sociedad.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Mi padre contaba como un tormento, como si le arrancaran las amígdalas con la mano, la forma en que el maestro les arrancaba la jeada del habla, para que no dijesen ajua ni jato ni jracias. «Todas las mañanas teníamos que decir la frase Los pájaros de Guadalajara tienen la garganta llena de trigo. ¡Muchos palos llevamos por culpa de Juadalagara!»

De "La lengua de las mariposas", de Manuel Rivas

domingo, 7 de noviembre de 2010

Debate por “discriminación” lingüística

El Congreso peruano expresó su rechazo a la publicación de un artículo periodístico acompañado de una foto que puso en evidencia las faltas ortográficas en castellano de la parlamentaria Hilaria Supa, cuya lengua materna es el quechua.


Varios ejemplares del matutino Correo llegaron a manos de los legisladores, quienes abrieron un acalorado debate sobre la discriminación de las minorías lingüísticas. Finalmente, el cuerpo emitió una condena formal que contó con 72 votos a favor, dos en contra y una abstención.
"A pesar de que el quechua es también una lengua oficial, sus hablantes han sido históricamente los más marginados del país", explica el corresponsal de la BBC en Lima, Dan Collyns.
La discusión también abordó aspectos relacionados con la formación académica de los congresistas y los requisitos para ser elegidos, así como el derecho a la intimidad y a la libertad de prensa.
La resolución del cuerpo legislativo advierte que se analizarán eventuales acciones en el ámbito legal.
El director del matutino Aldo Mariátegui, en tanto, negó las acusaciones y mantuvo su posición.

La chispa que encendió la mecha

La congresista no tiene quien le escriba es el título del artículo que encendió la polémica. El texto alude a una fotografía tomada el pasado 17 de abril que muestra a Supa, del Partido Nacionalista (PN), en su banca, tomando notas.
Tras un breve relato del tema que en ese momento se discutía, la nota periodística destaca que "sus limitaciones en cuanto a ortografía dejan mucho que desear".
Al hablar ante sus pares, la congresista de la sureña región del Cuzco contó que aprendió sola el castellano. "Nunca tuve la oportunidad de ir a la escuela. Empecé a leer y a escribir precisamente porque vi la discriminación y la inequidad contra los que hablan quechua que subsiste en el Perú".
Uno de los votos negativos perteneció a la legisladora Martha Hildebrandt de la fujimorista Alianza para el Futuro (AP), quien consideró que el controvertido artículo no criticaba a Supa por su origen, sino por "su ignorancia del castellano".
El otro a Aurelio Pastor, de la gobernante Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), quien dijo que el matutino sólo se limitó a expresar su preocupación por la "calidad de la representación en el Perú".
Hilaria Supa es una dirigente campesina que se desempeñó como empleada doméstica entes de acceder al Congreso. Su nombre está asociado además con las protestas contra el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Perú y Estados Unidos.